Al considerar el alcohol como un elemento de socialización, muchas personas  definen su consumo como un placer que acompaña muchas actividades sociales y permite tener nuevas amistades, contactos de negocios y hasta conquistas amorosas. Por supuesto que su ingesta moderada no alerta sobre algún peligro evidente para la salud; no obstante, el problema está en pasar de ser “moderado” a “adicción”.

La realidad es que las consecuencias del abuso del alcohol son graves y pueden causar cirrosis del hígado, problemas en el sistema inmunitario, daño cerebral y hasta pueden dañar al feto durante el embarazo. Beber alcohol aumenta el riesgo de muerte por accidentes automovilísticos, también la depresión y los suicidios. Además, beber mucho alcohol puede aumentar el riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer, especialmente de hígado, esófago, garganta y laringe.

El alcoholismo, también conocido como síndrome de dependencia al alcohol, es una enfermedad que se caracteriza por los siguientes comportamientos: Deseo insaciable y compulsivo de beber alcohol, pérdida de control, dependencia física y síntomas de abstinencia, tales como vómitos, sudor, temblores y ansiedad. Estos síntomas se controlan cuando se vuelve a beber alcohol o se toma alguna sustancia sedante. Adicionalmente, se presenta la tolerancia a las sustancias alcohólicas, que no es otra cosa que la necesidad de aumentar la cantidad ingerida para sentirse saciado.

Una de las situaciones de mayor riesgo, por lo irreversible, es que está comprobado que el alcohol afecta las conexiones neuronales del cerebelo, zona de la que dependen el aprendizaje y la coordinación motora. Es verificable en las autopsias, que los encéfalos de los abstemios y los adictos a las bebidas alcohólicas tienen el mismo número de neuronas; sin embargo, es la calidad de las neuronas y no su cantidad, lo que se afecta gravemente con las borracheras.

El alcoholismo es el deseo insaciable que el consumidor siente por esta sustancia, que puede ser tan fuerte como la necesidad de comer o beber agua. Un alcohólico continuará bebiendo alcohol aunque tenga problemas serios con la familia, la salud o la justicia. Así como otras enfermedades, se trata de una patología crónica, lo cual significa que se padecerá durante toda la vida. Generalmente su evolución es predecible y presenta síntomas.

El abuso de alcohol se define como un patrón repetido de consumo de bebidas alcohólicas que se acompaña de comportamientos repetidos como: No cumplir con responsabilidades del trabajo, de la escuela o del hogar; beber alcohol durante actividades que son físicamente peligrosas como conducir; tener problemas relacionados con el alcohol, tales como: conducir un vehículo bajo los efectos del alcohol, dañar físicamente a alguien mientras se está embriagado, abrir las puertas a nuevos problemas (drogas, sexo sin precauciones, desarrollar enfermedades graves y terminales, entre otras.). Asimismo, continuar bebiendo a pesar de tener problemas en las relaciones con otras personas. Entre los efectos negativos a la salud de las personas causados por el consumo del alcohol, se identifican los siguientes:

  • Sangrado del esófago (el conducto que conecta la garganta con el estómago) o del estómago.
  • Inflamación y daños en el páncreas. El páncreas produce sustancias que el cuerpo necesita para funcionar bien.
  • Daño al hígado. Cuando es grave, a menudo lleva a la muerte.
  • Desnutrición.
  • Cáncer de esófago, hígado, colon, cabeza y cuello, mamas y otras áreas.
  • Hipertensión arterial en algunas personas. Si ya se padece de hipertensión arterial, el consumo de alcohol puede hacer más difícil el control con medicamentos. Además, provocar que el corazón se debilite y resulte agrandado.
  • Afectar la capacidad de razonamiento y juicio crítico por disminución de la capacidad de las neuronas, lo cual puede provocar un daño permanente a la memoria y a la forma de comportamiento.
  • El daño a los nervios, a raíz del abuso del alcohol puede causar muchos problemas, tales como entumecimiento o sensación dolorosa de «hormigueo» en brazos o piernas, problemas con las erecciones en los hombres, escapes de orina o dificultad para empezar a orinar.
  • Tomar alcohol durante el embarazo puede causarle daño al bebé en crecimiento. Se pueden presentar graves defectos de nacimiento o el síndrome de alcoholismo fetal.

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